Ella dormía aunque yo no estuviera. Pese a sonar increíble, era cierto.
Acomodaba la cabeza contra la almohada y dejaba en ella su sonrisa impresa a fuerza de empeño, de horas. Dormía sin tregua, sin temor, dormía como dormiría alguien que no supiera cuándo volverá a poder descansar. A veces despertaba demasiado pronto y enfurruñada volvía a estirar las sábanas por encima del cuello, temblando de placer al recordar que todavía le quedaba por lo menos un poquito más.
Su respiración resquebrajaba el silencio y yo la habría oído de haber estado allí. Sin embargo, aunque yo no estuviera, ella dormía.
Cuando tardaba un poquito en conciliar el sueño se giraba sin parar, aplastando la nariz contra un colchón falto de cariño mientras gemía muy suavemente, como una niña a la que no le gusta que le hagan cosquillas.
Me odiaba infantilmente cuando la despertaba con dulzura, zarandeándola suavemente por los hombros mientras pronunciaba su nombre, a veces susurrando, a veces con acento paternal; me daba la espalda, indignada, y juraba no volver a dirigirme la palabra si me atrevía a despertarla una sola vez más. A los diez minutos se oía el sonido de sus pies descalzos tocando el suelo, el sonido de dos zapatillas entrando en el baño, la llave del agua, el sonido de dos zapatos entrando en la cocina, un beso en la mejilla,
¿Has dormido bien? No he podido pegar ojo.
Meh.
ResponderEliminarNadie te sigue. Y no tengo suficiente ego como para hablar de mi mismo en tercera persona. O si.
Una de las tres es mentira
Coño, no tenía ni idea de que alguien (o nadie) mirara esto. La verdad es que es sólo un blog para pasarle a algunos amigos algunos textos, por eso subo pocas cosas y muy poco a menudo xD
ResponderEliminarHaberlo pensado antes, el daño ya está hecho xD
ResponderEliminar